domingo, 21 de febrero de 2016

1989


Difícil es salir con otras mujeres para no pensar en la persona con quien realmente te gustaría gastar una noche de viernes con olor a whisky y risas nerviosas, una tarde de sábado con la ciudad muda o una insolente mañana de domingo llena de insoportable levedad. Después de un tiempo considerable llega a ser sorprendentemente tedioso el estar con otras personas, el fingir que te interesa toda la basura personal que te están confiando con el propósito de generar empatía; lo más complicado es pretender que estás en un lugar intentando despejar tu mente, cuando en realidad solo piensas en ella, en el último momento en que se vieron justo antes de que cada quien tomara una dirección distinta, en la última sonrisa que llevas celosamente en tus recuerdos y la última mirada donde se vieron reflejados el uno en el otro. Entonces el pecho se te oprime pensando en si está con alguien más, porque entre toda esta mezcla de decepciones y sentimientos encontrados, la razón trata de hacerte regresar al lugar en el que estás parado mediante consistentes inquietudes que te alejen de esas ganas de extrañar: te hace dudar. Sin darte cuenta la sangre fluye más precipitadamente, tus manos repentinamente se sienten más débiles y el cuerpo te tiembla como si estuvieras cruzando un precipicio sobre una tabla; entonces comienzan a caerte punzadas en el pecho como alfileres al tratar de deducir inútilmente si alguien más la está haciendo sonreír, si esa mirada llena de luz está cambiando la vida de otro, si la sonrisa que llevas impregnada en tus noches al mirar el techo está provocando sed en los labios de quien sin saber si siquiera existe ahora ocupa el puesto de tu peor enemigo, porque ahora esto es una guerra donde peleas en la oscuridad y cada noche el rival avanza a tus espaldas con el único propósito de verte caer. Entonces te tocan el hombro, te preguntan si estás bien y tu mente regresa a tu cuerpo para poder responder; dices que sí y que sencillamente recordaste algo… lo que sea, lo primero que encontraste en tu apartado mental de temas para evitar que la otra persona se dé cuenta de que la has estado ignorando todo este tiempo porque te has dedicado a pensar en ella, con quien no estás y la razón por la que decidiste salir de tu cuarto para no seguir escuchando esa canción que tanto te hace querer verla una vez más.

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